Cuando las dietas no sirven

 

Las mujeres vivimos expuestas a mensajes negativos respecto a la comida y el peso. Fotos retocadas, roles estereotipados e imágenes de perfección inalcanzables nos hacen sentir inadecuadas con respecto a nuestro cuerpo.
Somos sensibles y sufrimos por la presión de estar flacas. Pero si intentamos bajar de peso y no lo logramos sufrimos aún más, porque mucha gente piensa que “las rellenitas” están así porque no tienen ni fuerza de voluntad ni autocontrol.

Las que somos mamás nos estresamos el doble: somos responsables por la salud de nuestros hijos, y es frecuente que recibamos mensajes contradictorios que nos desorientan aún más: ¿hay que comer carne o hace mal? ¿es buena la soja? ¿los carbohidratos son necesarios?

Por otro lado, los seres humanos vivimos más años pero padecemos más enfermedades. Especialmente de carácter crónico, como diabetes y distintos tipos de cáncer.

El campo de la nutrición comenzó a reflejar esta preocupación.

La Psicología de la Nutrición es un área relativamente nueva, que está a la vanguardia de las herramientas y protocolos para trabajar de manera positiva y efectiva los problemas de peso, imagen corporal, atracones y compulsiones. Su enfoque innovador permite mejorar (e incluso sanar) una amplia variedad de problemas de salud relacionados a la nutrición, como ser la digestión, la fatiga, el estado de ánimo, y la baja inmunidad.

El surgimiento de esta disciplina era necesario. Desde los años 70 han habido grandes cambios en la forma en que concebimos la alimentación: el movimiento hippie, por ejemplo, promovió un acercamiento a la naturaleza y sistemas de nutrición basados en la no-violencia, como ser el vegetarianismo y el veganismo.
Con la llegada de los 80 y la invasión de sustancias sintéticas en la industria alimenticia (edulcorantes, conservantes, etc), varias escuelas de nutrición clásicas y naturales recobraron importancia, especialmente el movimiento Macrobiótico.

A partir de los 90 se produjo un gran “quiebre”: ya no podíamos ignorar las estadísticas que confirmaban que nuestras pancitas seguían en expansión.
En Europa surge el movimiento de comida lento (Slow food) y las prácticas de agricultura biológica ganan terreno. En Estados Unidos, país particularmente conocido por los excesos, el movimiento de salud holística cobra gran importancia y la escuela de nutrición más grande del mundo (IIN, ubicada en Nueva York) promueve este enfoque.

La concepción holística considera que el ser humano es una unidad: cuerpo, mente, y estados emocionales forman un todo e interactúan entre sí. Desde esta perspectiva, la salud y la enfermedad no tienen simplemente una base en el cuerpo físico, sino que también se relacionan con lo que la persona vive, piensa y siente. Por eso es que la alimentación holística insiste en que no hay una dieta única que sirva para todo el mundo: por el concepto de bio individualidad, la alimentación perfecta para una persona dependerá no sólo de su sexo, edad, grupo sanguíneo y nivel de actividad física, sino también de su procedencia y estado anímico.
En definitiva, lo que cura a una persona puede generar enfermedad a otra, pues cada individuo tiene una relación única, íntima y cambiante con su alimentación.

Los conceptos de salud holística y bio individualidad son parte de la base de la Psicología de la Nutrición. Este es un campo de estudio relativamente reciente pero que cada vez atrae a más profesionales, pues los resultados están a la vista. ¿Quién no ha ido a consultar a un dietista o nutricionista y, a pesar de haber recibido de ellos una dieta balanceada, no es capaz de bajar de peso? ¿Quién no ha perdido peso con una dieta milagrosa y, tres meses después, siente que nuevamente le explota el botón del pantalón? ¿Y los atracones de helado o galletitas después de la cena? Efectivamente, hay un gran campo de trabajo para esta nueva asignatura.

Creencias tóxicas en torno a la nutrición

Gran parte del fracaso está relacionado con ideas fijas sobre cómo funciona nuestro cuerpo en relación a la comida y el ejercicio. Ideas que tomamos como “dogmas” o verdades absolutas, cuando en realidad no lo son. La Psicología de la Nutrición se refiere a ellas como “creencias tóxicas”, porque definen nuestras emociones y nuestro comportamiento en torno a la comida de forma muy negativa.

Algunas de las más comunes:

¡Existe una dieta perfecta, y cuando yo la encuentre voy a estar regia por el resto de mi vida!
Esta es la creencia que más vemos en nuestra praxis: clientas que vienen a vernos para recibir un plan de comida estricto, una lista de alimentos permitidos y otra de alimentos prohibidos. La idea es que esa bendita dieta nos hará felices, sanos, delgados y (¿por qué no?) vivir para siempre, o al menos por muchísimos años.
El problema de esta creencia es que en este mundo nada ni nadie es perfecto, y cuando nos aferramos a un plan de comida estricto, tarde o temprano lo incumplimos. Y eso termina mal, pues la reacción psicológica más común en este caso es sentirse como un fracaso, auto rechazarse y atacarse, e incluso caer en pequeños pozos depresivos. Y por supuesto, ganar más peso.

Si tengo hambre, lo ignoro. El hambre es mi enemigo
Muchas mujeres viven en un estado constante de miedo a sentir hambre. Creen que sentir hambre es síntoma de flaqueza y que, si sucumben al apetito, se van a comer todo lo que hay en la alacena. Entonces comienzan a ignorar su hambre, y poco a poco se disocian de lo que su propio cuerpo siente.
Pero pensemos por un momento la locura biológica de esta creencia: todos los seres humanos necesitamos alimentarnos, el hambre es la reacción física que asegura que nos mantengamos vivos.
Si a nivel psicológico, creemos que tenemos que ignorar al hambre mientras el estómago nos pide comida, lo que estamos haciendo es crear una gran respuesta de estrés para nuestro organismo. Y el principal síntoma asociado a la respuesta de estrés es la alteración del metabolismo e inhibición de quema de calorías. Irónicamente, estamos logrando lo opuesto a lo que queremos: cada vez tendremos más hambre, comeremos menos, y no bajaremos ni medio kilo.

¡El día que la balanza diga que peso 56 kilos voy a ser feliz!
Con esta creencia estamos poniendo nuestro bienestar y nuestra felicidad en manos de una máquina que, dicho sea de paso, nada entiende de nuestro metabolismo ni de nuestras emociones, y por lo general está mal calibrada.
¿De dónde sale ese número mágico? ¿Por qué necesitamos alcanzarlo con tanto fervor? ¿Y si por el resto de nuestras vidas no llegáramos a ese numerito, abandonaríamos entonces la posibilidad de vivir felices?

La labor de un experto en Psicología de la Nutrición es ayudar a reconocer estas creencias tóxicas, y mostrar que para lo único que sirven es para quitarnos energía, perder tiempo y debilitar nuestra siquis.

A medida que nos liberamos de las trabas que nos atan en torno a la nutrición, nuestros desafíos de peso se van convirtiendo en un excelente punto de partida para explorar la relación que tenemos con nuestro cuerpo. Entonces es que logramos alcanzar nuestro punto de equilibrio, descubriendo nuevas oportunidades de crecimiento y superación personal.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el suplemento “Ser Familia” del diario “El País”

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