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Ocho mitos sobre los desórdenes alimenticios

Según las estadísticas médicas, los desórdenes alimenticios van en aumento. Afortunadamente, existen cada vez más fuentes de información y centros de ayuda para quienes los necesitan. Pero pese a este auge de apoyo, todavía corren nociones erróneas sobre lo que son los desórdenes alimenticios y sus consecuencias. En este breve artículo queremos corregir los errores más comunes que circulan en los medios masivos:

1. Para tener un desorden alimenticio hay que estar muy flaca o muy gorda

Esto no es así: el peso puede ser un indicador de la existencia de un desorden alimenticio, pero no es el único factor, ni tiene por qué ser un factor decisivo. Por ejemplo, una persona que sufre de bulimia puede tener un peso absolutamente normal pero estar físicamente muy enferma. Y una persona con comportamientos anoréxicos puede tener sobrepeso, aunque nos cueste hacernos a la idea. Si esta persona no recibe ayuda a tiempo, puede volverse muy flaca, pero  si nos guiamos solamente por el peso habremos perdido la oportunidad de brindarle muchos meses de tratamiento.

2. La culpa del desorden alimenticio la debe tener la familia

No hay “culpas” en este campo, simplemente condiciones neurológicas complejas en las cuales influyen muchísimos factores. Una persona puede tener una familia cariñosa y solidaria, y sin embargo desarrollar un desorden alimenticio. En ese caso, la familia puede transformarse en uno de los principales aliados en su recuperación, y varios centros de terapia no dudan en reclutar su ayuda.

3. Una persona con un desorden alimenticio puede vivir una vida normal

Una persona con un desorden alimenticio puede “esconder” bien o saber disimular bien su condición, pero un desorden alimenticio es una crisis que interrumpe y desintegra nuestra vida personal y nuestro medio. Por eso es fundamental buscar y proporcionar ayuda: por más bien que alguien disimule su condición, no se puede ignorar la gravedad de la misma.

4. Un desorden alimenticio es una elección personal

Comer o no comer, vomitar o no vomitar, no son “elecciones personales” en el caso de un desorden alimenticio, sino manifestaciones de una condición biológica y neurológica que debe ser corregida. La fuerza de voluntad no cura un desorden alimenticio, por más buena intención que haya.

5. Sólo a las “chicas bien” les pasan estas cosas

Los desórdenes alimenticios no conocen barrera de sexo, edad ni condición social. Una persona de cualquier raza, peso y orientación sexual puede desarrollar un desorden alimenticio. Por ejemplo, se estima que 1 de cada 10 afectados son hombres, y dentro de este grupo, no hay preponderancia de orientación homosexual.

6. Tener un desorden alimenticio es sólo eso, no implica más riesgos

Los desórdenes alimenticios crean una situación de trauma nutricional en nuestro cuerpo, y este estado biológico alterado genera complicaciones médicas graves. Se trata no sólo de riesgos a nivel físico, sino también a nivel emocional. La tasa de depresión y suicidio dentro de los afectados es mucho más alta, para dar un ejemplo.

7. Los desórdenes alimenticios son genéticos

Los desórdenes alimenticios tienen una base genética y biológica, pero la genética de por sí no determina quién desarrollará un desorden y quién no. La investigación indica que el entorno y la historia personal también juegan un papel importante en el desarrollo de estas condiciones. Por eso el tratamiento es con un equipo profesional inter disciplinario, que incluye desde psicólogos hasta nutricionistas y doctores de medicina general.

8. No es posible recuperarse de un desorden alimenticio, al menos no del todo

Sí es posible recuperarse de un desorden alimenticio, especialmente si la persona afectada recibe tratamiento apenas lo desarrolla. Por eso es fundamental la detección temprana y la intervención profesional. Si crees que alguien que tú conoces esté afectado por un desorden, no dudes en expresar tu preocupación y ayudarle a buscar ayuda.

 

Cómo superar la alimentación desordenada

Seguramente ya reconoces lo que te ocurre: sientes que tu dieta está fuera de control, cuentas calorías y gramos de grasa, tienes miedo a pesarte, tal vez te saltees el almuerzo, comas mucho luego de la cena o estés usando algún producto laxante. Pero ¿cómo solucionar esta situación? ¿Es posible recuperarse de la alimentación desordenada? En este artículo te ayudamos a dar los primeros pasos para salir adelante.

1. identifica tus fuentes de estrés

Recuerda que los desórdenes alimenticios están formados por la genética, influidos por nuestro entorno, y más que nada activados por una situación de estrés.
La mayoría de las personas tendemos a comer mucho menos (se nos cierra el apetito) o mucho más durante una fase difícil de nuestra vida.
Por eso es fundamental que identifiques las principales fuentes de estrés que te afectan, especialmente si has comenzado a experimentar una relación distorsionada con la alimentación.

Pregúntate: ¿qué está ocurriendo en mi vida? Tal vez haya habido un divorcio, un distanciamiento con un amigo, una situación tensa en la familia o en el trabajo.
¿qué mecanismos estoy utilizando para manejar ese estrés? Lo más probable es que la comida sea el principal de ellos. Pero existen alternativas positivas que puedes explorar, como ser: masaje, caminatas en la naturaleza, hacer arte, yoga, baile, meditación, etc.

2. Busca el apoyo de tus seres queridos

Los desórdenes alimenticios se nutren de reglas rígidas y del aislamiento.
Cuando tenemos conductas destructivas en torno a la alimentación, tendemos a sentir vergüenza y a aislarnos de los demás. De la misma manera, si nuestras reglas alimenticias son muy rígidas, evitamos situaciones sociales en las cuales no podemos controlar lo que comemos, y nos aislamos cada vez más.

Por eso es fundamental que no te cierres y busques activamente el contacto social, aunque te cueste (¡no solamente las redes sociales, sino el contacto cara a cara!).
Si te animas, cuéntales a tus seres queridos cómo te sientes y lo que te está pasando en relación a la comida.
Si no, busca el apoyo de un profesional y habla con ella/él del tema alimentación… pero no descuides tus vínculos afectivos. Los necesitas.

3. Observa tus hábitos alimenticios

Uno de los sentimientos más angustiantes de la alimentación desordenada es, justamente, sentir que todo es un desorden!!! Nuestros hábitos alimenticios parecen estar fuera de control, y nos parece que la situación nos domina.

Por eso es muy importante comenzar a observar nuestros hábitos alimenticios, ya sea haciendo un diario íntimo u otro sistema similar de monitoreo (puedes usar tu teléfono móvil para hacer una breve anotación cada vez que comes, por ejemplo).

Observa cuándo tienes hambre, cuándo comes, qué es lo que comes, dónde y cómo comes (rápido, lento, parada…), si comes sola, en compañía… si eres honesta contigo misma en tu diario, vas a ver que existe un patrón.
Tal vez tengas atracones sólo por la noche, sólo comas de más cuando visitas a tu mamá, o hagas purga después de pesarte. Lo fundamental aquí es descubrir cuáles son tus hábitos, y reconocer tus patrones de comportamiento. Darnos cuenta de lo que hacemos es el primer paso para cambiarlo.

4. Sana tu trauma nutricional

Cuando pasamos por un desorden alimenticio estamos poniendo a nuestro cuerpo en una situación de trauma nutricional. Las dietas de restricción, los laxantes, el ejercicio exagerado y los atracones llevan a nuestro organismo a una situación de desbalance – y como consecuencia, sufrimos desequilibrio en nuestros sistemas hormonales, nervioso etc.

Para recuperarnos hay tres estrategias básicas que debemos seguir: realizar un plan de comida (preferentemente con la ayuda de un profesional capacitado), no saltearnos nunca el desayuno, y comer en intervalos regulares de no más de 3 horas, aunque no tengamos mucho hambre.

5. No te saltees nunca el desayuno

Ya sé que te lo acabamos de decir, pero vale la pena repetirlo… el desayuno ayuda a nuestro organismo a regular su metabolismo, estabiliza los niveles de azúcar en la sangre y nos balancea el ritmo circadiano.
Asegúrate de desayunar siempre un carbohidrato complejo con una fuente de proteína – y a las tres horas come una pequeña merienda, aunque no te estés cayendo de hambre -. Estarás recuperando así un ritmo normal de comida y evitarás hambre extremo o atracones.

6. Aprende otras formas de regular tus emociones

Si nuestra relación con la comida es saludable, comemos cuando tenemos hambre físico y buscamos estrategias de regulación emocional cuando tenemos hambre por otra cosa.

Para recuperar este equilibrio perdido, comienza a incorporar en tu vida distintas fuentes de regulación de ansiedad y estrés. Ya te mencionamos el yoga y las caminatas, pero si necesitas algo aquí y ahora la mejor estrategia es la música. Si te sientes ansiosa, nerviosa, deprimida o cansada, pon tu tema favorito y si puedes…¡canta y baila! Es la forma más efectiva de regular tu hambre emocional.
Otra estrategia es verte con amigos, abrazar a tu mascota, darte un baño relajante… la idea es encontrar actividades con las que puedas regular tus emociones sin necesidad de pasar por la comida.

… y busca ayuda profesional

Todas las estrategias que te hemos mencionado no sustituyen el apoyo de un profesional capacitado. Los desórdenes alimenticios, clínicos o sub clínicos, son un tema serio, y requieren no sólo de tu voluntad para recuperarte sino del apoyo incondicional de tu entorno.
No dudes en pedir ayuda: por más vergüenza que te dé, vale la pena hacerlo y es la forma más segura de recuperarte. ¡Ánimo!